
Cada día que pasa se deteriora la vida de los mexicanos y, sin embargo, pocos entendemos que sentarse pasivamente a esperar una pronta mejoría, es un suicidio político, pues soportarlo todo sin luchar, es apostar a la esperanza que se sostiene sobre la fe irracional.
Según Enrique Quintana, la inversión pública comparada entre los primeros trimestres de 2022 y 2019, fue inferior 4% y la inversión privada 11% (El Financiero, 22 de junio). Por su parte, Eduardo Ruíz-Healy sostiene que en junio los precios alimentarios aumentaron respecto a mayo en .84%, rondando el 8% total (El Economista, 9 de julio); Mientras, la 4T intenta ocultar la quinta ola de Covid, se registran cifras récord de contagios de casi 35 mil; por otro lado, el presidente polariza al país al convertir asuntos de procuración de justicia en batallas mediáticas, usando a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y la Fiscalía General de la República (FGR), para perseguir a quienes son sujetos de investigación o a sus detractores, cuando necesita denigrarlos públicamente; en su cruzada contra las instituciones autónomas que ha desaparecido, solo falta el INE; además, en su campaña contra las organizaciones sociales, viola los derechos constitucionales de petición, organización y manifestación; y finalmente, con su política de “abrazos no balazos”, ha generado un vacío de poder, con lo que la violencia e inseguridad tienen a nuestro país en un baño de sangre que, a menos de cuatro años de gobierno, ha rebasado las 120 mil muertes del gobierno de Felipe Calderón y está a 30 mil de las de Peña Nieto.
Ahora bien, ¿La inflación y el decrecimiento económico llegaron de fuera y si es así, se están enfrentando correctamente? ¿Los programas del “Bienestar” combaten la pobreza? ¿Estamos condenados a recibir los daños sin que se pueda hacer nada al respecto?
Y las respuestas son, en primer lugar, que el decrecimiento se debe a que los inversionistas han retirado más de 600 mil millones de pesos por desconfianza con el gobierno; que la inversión pública ha caído porque el presupuesto se destina a proyectos como Dos Bocas, que este año pasó de 45 mil millones a 316 mil, a la Pensión para Adultos que aumentó 15 mil millones o 400 mil millones para subsidio a gasolina. En contraste, se recortan 6 mil 232 millones de pesos a salud, educación en 2022 tendrá una reducción de 64 mil 846 millones y se desapareció el FONDEN, que tenía presupuesto de 9 mil millones.
En segundo lugar, que la 4T no está apoyando a los pobres. Según la economista Mariana Campos, con el subsidio a la gasolina el 20% más rico del país recibe 62% del beneficio total, pero el 20% más pobre recibe solo 2.8% (Animal Político, 16 de marzo); por su parte, el Ing. Aquiles Córdova Morán, sostiene que los recortes afectan a las clases populares y, aunque la inflación no es culpa de la 4T, las empresas al no poder recuperar la productividad por la pandemia, elevan la inflación al subir sus costos de producción, recuperando sus ganancias sustrayéndolas del salario de los trabajadores, además, que con el PACIC y el aumento de las tasas de interés, se reduce la inversión, generando desempleo y pobreza, pues se baja la inflación pero se mata de hambre a los hambrientos, por ello, al recortar las ayudas al salario y privilegiar sus programas sociales y obras estrella, el gobierno completa la maniobra de banqueros e industriales (El Universal, 7 de junio).
Pues bien, en estados extremadamente pobres, como Oaxaca, los efectos son más agresivos, por ejemplo; la Iniciativa Privada estimó que en la entidad la inflación real es del 18% (El imparcial, 9 de julio); se mueren niños de cáncer en la entidad por falta de medicamentos y alto costo en los servicios de salud; se aplican vacunas caducadas a niños oaxaqueños; se dejará sin apoyo a 40% de afectados de Ágatha por haber quedado fuera del censo del Bienestar, además, se recortan 500 millones al estado, para destinarlo los daños de este fenómeno natural, cuando el FONDEN era para enfrentar estos sucesos.
Es claro pues, que esta crisis generalizada, surgió en México por causa internas y aunque se ha agravado por la pandemia y las guerras, en realidad se hace insostenible por las crimínales políticas públicas de la 4T.
Hay que escudriñar en la realidad para encontrar la ruta de solución o por lo menos de mejoramiento de la problemática que nos afecta. Basta voltear la mirada el mundo y a la forma en que otros países enfrentan estos fenómenos. China, por ejemplo, con su política de “Cero Covid” solo ha tenido 5,226 muertos por este virus, a pesar de contar con más de 1,400 millones de habitantes, mientras nosotros que tenemos aproximadamente 130 millones, rebasamos los 330 mil o, veamos como en los últimos 4 años en México han aumentado los pobres en 5 millones, en cambio este país asiático ha sacado a 100 millones de personas de la pobreza en los últimos ocho años.
La clave está en la organización política de la sociedad, por lo tanto, debemos empezar por ver que la forma en que funciona nuestro país, es insostenible. La solución empieza pues, por encontrar la ruta y es seguro que no la buscarán los potentados mexicanos que han aumentado su riqueza en más de 14 mil millones de dólares en esta crisis, ni los gobernantes surgidos de los partidos políticos actuales, que son quienes no han sabido cómo o no han querido combatir esta problemática.
La deben encontrar quienes se debaten entre la pobreza más insultante. Y no lo harán si ni siquiera dedican unos minutos a conocer la realidad que algunos intentamos explicar, pero sobre todo transformar. Informarse de esta realidad y sumarse a nuestra lucha, es indispensable. De otra forma, la inconformidad de la población se traducirá en revueltas sociales.
